¿Cuál fue la última vez que afilaste tu hacha?

¿Cuál fue la última vez que afilaste tu hacha?

 

Manuel Reyes, Socio-director de MRC International people training, nos habla de la importancia de la formación contínua de los profesionales en el actual mundo competitivo.

 

 

Una vez un joven se acercó a un maestro aizcolari y le dijo: “quiero ser su discípulo, quiero aprender a cortar troncos como usted” El maestro, que valoró la iniciativa del muchacho y su atrevimiento, le aceptó como alumno y durante un tiempo le estuvo enseñando toda la técnica en el arte de cortar troncos con un hacha. Pasó el tiempo, y el joven, seguramente con la sensación de que había aprendido todo lo que podía aprender y con la intención de mostrar a su maestro lo bien que le había enseñado, le desafió en una competición. El maestro aceptó el desafío y el dia acordado ambos se pusieron manos a la obra. Pasaban las horas y el joven, de vez en cuando, buscaba con la mirada a su maestro y muchas veces en lugar de encontrarle cortando, le veía de espaldas, sentado sobre un tronco y descansando. El joven, sintiendo pena por su viejo maestro (necesitaba descansar mucho más que él) volvía a sus troncos seguro de vencer. Él no paraba a descansar, así que cada vez le sacaba más ventaja. Cuando acabó la competición, hicieron el recuentro de los troncos y resultó que el maestro había cordado muchos más troncos que el joven. ¿Cómo puede ser? Preguntó sorprendido. Si cada vez que lo miraba usted estaba sentado descansando. A lo que el maestro respondió: Es cierto hijo mío, también descansaba, pero lo que estaba haciendo era afilar mi hacha, esta es la razón por la que has perdido… Esta es tu última lección.

La pérdida de destreza, agilidad mental, creatividad, entusiasmo incluso, pueden estar presente en nosotros y no darnos cuenta porque los cambios que experimentamos, aunque continuos, son tan pequeños que resultan imperceptibles. Es algo parecido al hecho de que los padres no vemos crecer a nuestros hijos, aunque, evidentemente, lo están haciendo. A veces nos sorprende cuando un familiar vuelve a casa al cabo de un tiempo y les dice aquello de “como habéis crecido”.

Como le pasaba al aizcolari joven, su hacha cada vez cortaba peor, pero él no se daba cuenta. Si le hubiésemos preguntado, seguramente hubiera asegurado que su rendimiento seguía siendo el mismo. Los aficionados a las motos solemos experimentar algo parecido. Cuando los neumáticos se van gastando vamos adaptando la conducción a las nuevas condiciones sin ser conscientes de ello. Cuando por fin los cambiamos, la sensación es increíble. Tomamos conciencia de golpe de la agilidad que habíamos perdido sin habernos dado ni cuenta.

El tiempo empleado en afilar el hacha es valiosamente recompensado y esta historia nos recuerda que la formación es la manera que tienen las empresas de que sus empleados sean conscientes de su rendimiento y se esfuercen para seguir teniendo el desempeño adecuado.

Aun así, sigue habiendo empresas que ven la formación como un gasto en lugar de cómo una inversión. Para ellas va la siguiente frase:

“Solo hay algo peor que formar a tus empleados y que se vayan. No formarles y que se queden”

Se le atribuye a Henry Ford, aunque hay quien dice que es de Richard Branson. Que más da. Resuena en mi cabeza en muchos momentos y me hace pensar en dos cosas: En primer lugar, en el carácter cortoplacista de los que ven la formación como un gasto o una pérdida de tiempo. Y en segundo, que algunos aspectos esenciales siguen inmutables al paso del tiempo. Henri Ford dijo esta y otras genialidades hace más de 100 años.

La visión de que quien se está formando, durante ese tiempo no está trabajando, es una interpretación sesgada ante las posibilidades infinitas que ofrece invertir en los empleados para que sean mejores. Es una espiral negativa que encierra un bucle perdedor. Porque con cada vez más esfuerzo el rendimiento es menor y la desmotivación mayor. Pararse un rato, afilar el hacha para que corte como nueva, o mejor, y volver a los troncos ¿sería una pérdida de tiempo o una inversión de tiempo?

Además, ofrecer y estimular el aprendizaje en el puesto de trabajo destaca como una de las formas más importantes de retener talento y fidelizar a los empleados. Porque en un mundo competitivo y tremendamente cambiarte dejar de aprender no es estancarte, es quedarte cada vez más atrás. ¿Qué sería de la generación de los nativos-analógicos (la mía) si no nos hubiésemos reciclado a un mundo digital? Con toda seguridad estaríamos fuera del mercado laboral hace tiempo.

Las organizaciones son entes vivos que se van nutriendo de las generaciones que se incorporan al mundo laboral. La generación que está ocupando estas vacantes actualmente viene con un nivel de tolerancia mucho menor hacia la pasividad de algunas empresas de no contemplar el desarrollo de sus empleados como un deber más.

Las empresas deben ser para los adultos, lo que las escuelas para los niños y las universidades para los jóvenes. Lugares donde las personas se desarrollan y evolucionan al ritmo de la sociedad. Para ello hay que formarles y entrenarles. Formarles para que sean muy buenos, entrenarles para que no dejen de serlo

 

Publicado en el número 41 de la revista Dirigir Personas.

 

 

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