El arte de la resiliencia en el trabajo

El arte de la resiliencia en el trabajo

 

 

Seguro que has oído hablar de la resiliencia humana. Un concepto que nos acompaña desde hace unos años y que alude a la capacidad de asumir de manera flexible situaciones límite y salir reforzado de ello. Cuando establecemos un paralelismo con el mundo laboral, la resiliencia se convierte en la capacidad de adaptación y mejora continua después de una situación de crisis. Por tanto, el denominador común es la flexibilidad. Una soft skill cada vez más demandada en el ecosistema empresarial. Y es lógico. Estarás de acuerdo conmigo, que ante un mundo que se mueve a la velocidad de la luz y con un alto índice de inestabilidad se necesitan personas capaces de adaptarse rápidamente.

Resiliente se nace o se hace

La persona aprende la habilidad de la resiliencia desde la infancia. De hecho, es casi instintiva, ya que, precisamente, esta aptitud es la que nos permite caer y volvernos a levantar mil veces hasta que conseguimos unos de los grandes hitos en nuestras vidas, aprender a andar. Aunque es cierto que poco a poco nuestro cerebro parece olvidarse de ello cuando se acomoda en su zona de confort.

Dicha zona de confort en el entorno laboral no tiene por qué ser considerada un error. Las llamadas rutinas de producción dan estabilidad a la persona empleada y los procedimientos proporcionan control y unificación en la gestión. Por tanto, contar con una zona de confort donde desarrollar las competencias y habilidades profesionales gracias a un entorno estable puede ser positivo. Pero siempre existen dos caras de una misma moneda. Dicha estabilidad puede convertirse en un escollo hacia el crecimiento profesional si no se está dispuesto a explorar la adquisición de nuevas competencias. Por tanto, hay una parte instintiva y de identidad individual que define como persona empleada si se es o no resiliente. Pero cuando entra en juego un contexto social BANI, es decir incierto por naturaleza, las personas empleadas y los equipos deben retar a su capacidad de adaptación constantemente. Y esto conlleva la implicación indispensable de la empresa, en concreto, del departamento de gestión de personas. De hecho, los responsables de Recursos Humanos deben ser los encargados de velar por el enfoque resiliente de los equipos en conjunto y de sus personas empleadas en particular.

Cómo desarrollar la capacidad de resiliencia de los equipos

Hay picos de estrés laboral de los equipos que sí se pueden prever. Por tanto, es importante tener presente, desde la gestión de personas, que todo lo que se puede planificar es mejor que se planifique ya que se obtendrán mejores resultados. Pero, paradójicamente, debemos incorporar el caos en nuestra planificación. Qué significa esto. Te preguntarás. Sencillamente se trata de ser consciente de que, igual que la muerte forma parte de la vida, el caos forma parte de nuestro día a día. Por tanto, los equipos deben prepararse para la adaptación al cambio y poder salir reforzados en el proceso de superación.

Aunque es cierto que no se trata de una tarea fácil. Es muy importante potenciar la comunicación empática. Se deberá proporcionar siempre la información necesaria a los equipos para que puedan desempeñar sus tareas de una manera rápida y eficiente. La falta de información puede impulsar a la persona empleada hacia la pérdida del compromiso y, incluso, el ghosting laboral.

Un equipo informado será más eficaz, pero, un equipo especializado, además, será más fuerte. Se ha escrito mucha literatura sobre los equipos multidisciplinares, pero, desde mi punto de vista, se ha obviado algo esencial. El potencial de contar con perfiles especializados que puedan dar una respuesta rápida y profesional en momentos de cambio. Y es que la era del multitasking ha terminado. En medio del caos es muy importante focalizarse. De hecho, Devora Zack, autora de Singletasking: Get more done, explica que lo que las personas denominan multitarea es en realidad lo que la neurociencia llama cambio de tarea. Este cambio reduce la productividad en un 40% afirma. Además, puede producir estrés crónico.

Y, finalmente, otro de los grandes pilares sobre el que se puede construir un equipo resiliente es la voluntad de aprendizaje. No sé si has oído hablar del concepto del eterno aprendiz importado de la cultura nipona. De hecho, los japoneses le llaman shoshinsha. Un valor que une la ambición de querer aprender y la humildad de abrazar el nuevo conocimiento. Este concepto es imprescindible tenerlo en cuenta cuando tu objetivo es desarrollar la resiliencia en tu equipo. Y es que el valor de la formación no son solo las competencias adquiridas; es la voluntad y compromiso de adquirirlas. Es una cuestión de actitud personal que se traduce en actitud de equipo.

En conclusión, la creación de una comunicación eficiente en el seno de tu equipo de trabajo, la especialización, focalización en los objetivos y el continuo aprendizaje son sinónimo de RESILIENCIA. ¿Preparado?

Publicado en el número 50 de la revista Dirigir Personas.

 

 

 

 

Compartir en:

Dejar comentario

*