La inteligencia emocional: una herramienta fundamental en RRHH

La inteligencia emocional: una herramienta fundamental en RRHH

 

La Inteligencia Emocional es un constructo muy utilizado, desde que hace ya más de 25 años lo pusiera de moda Daniel Goleman en su libro homónimo. Pero ¿realmente se sabe qué es, para qué sirve y cómo podemos desarrollarla? Suca Baldor, especialista en psicobiología, nos da respuesta a estas preguntas.

 

 

La expresión “Inteligencia Emocional” se utilizó por primera vez en 1986 en una disertación de Salovey y D. Mayer. Y la definían como “la capacidad de percibir los sentimientos propios y los de los demás, distinguir entre ellos y servirse de esa información para guiar el pensamiento y la conducta de uno mismo”.

El término Inteligencia implica que se pueda medir de alguna forma; esto ha sido uno de los grandes inconvenientes a los que se ha tenido que enfrentar. De hecho, muchos profesionales dudan si llamarle realmente así, aunque el término es sumamente popular.

Algo muy parecido le pasa a Gadner y sus Inteligencias Múltiples, ya que se podrían definir mejor como Habilidades. Este autor habló de Inteligencia Intrapersonal (conocimiento y gestión de uno mismo) e Interpersonal (la relación con los demás) . Estas “mal llamadas inteligencias”, nacieron de la idea de que el cociente intelectual (CI) no es un indicador del éxito, ni laboral ni personal, y todos estamos de acuerdo con esto, pero entonces ¿cómo podemos definir, medir y controlar estas inteligencias?

Salovey y Mayer, avanzando en esta idea, intentaron encontrar las capacidades en las que se sustentaba y propusieron cuatro dominios de aptitudes relacionadas:

   1. Percibir las emociones.
   2. Encauzar las emociones, facilitando el razonamiento.
   3. Comprender el lenguaje de las emociones.
   4. Gestionar las propias emociones y las de los demás.

La base necesaria de este concepto pasa por un conocimiento profundo de nosotros mismos, de las emociones y del desarrollo de ciertas habilidades, tanto sociales como ejecutivas, para poder gestionar de una forma correcta todo nuestro mundo emocional y la forma en que nos relacionamos con los demás. Como dice David Caruso: “Es muy importante entender que la Inteligencia Emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas.”

Empecemos por el autoconocimiento: si ya es importante el conocimiento de uno mismo para el bienestar de cualquier persona, aquí se junta con la gestión de personas y de equipos. El reconocimiento de las propias emociones y su regulación para obtener el mayor beneficio de ellas, es esencial para tratar cualquier situación que se pueda presentar con los empleados, clientes y hasta con la propia empresa. El conocimiento de nuestras fortalezas y debilidades, a la hora de abordar los temas, al igual que encontrar motivos y razones con las que poder empatizar con los que nos rodean. Sólo desde nuestro propio conocimiento podremos llegar a comprender y entender a los demás.

El conocimiento emocional es el único que nos va a poder aportar la habilidad necesaria para detectar tanto a los “tramposos” como a los “buenos empleados”, así como ayudar a un empleado o cliente a resolver un problema, desde la empatía y la profesionalidad. Es el único que va a permitir motivar y transmitir la emoción adecuada en cada situación. Saber lo que necesitan y quieren, tanto los empleados como la misma organización (elegir la persona más adecuada para el puesto y la situación de la empresa). Y, como estos, mil ejemplos que se pueden vivir día a día en este departamento, desde conflictos personales y de equipo hasta la resolución de todo tipo de problemáticas.

El desarrollo de ciertas habilidades tanto sociales como ejecutivas es la cumbre del proceso. Después de partir de un conocimiento de nosotros mismos y de la emociones, el entrenamiento es necesario para adquirir las capacidades requeridas para gestionar nuestras emociones, percibir las de los demás, y que trabajen en nuestro beneficio. No me voy a parar en cada una de las habilidades, ya que son muchas y unas incluyen a otras, auto-reforzándose. Pero entre las más importantes estarían: la escucha activa, la empatía, la asertividad (esencial), la resiliencia (tanto para las propias dificultades, como para las de los demás), optimismo, la comunicación tanto verbal como no verbal, cortesía, planificación, toma de decisiones (TDD), cooperación, negociación, persuasión, gestión de conflictos…

Un estudio de la Universidad de Harvard recogía que el 80% de los logros en la carrera profesional están determinados por las habilidades blandas (soft skills) y solo el 20% por las duras (hard skills). Así pues, una persona debería empezar su entrenamiento en habilidades blandas cuando todavía es estudiante, para conseguir un buen desempeño académico y, posteriormente, laboral. Como dijeron en las Jornadas Nacionales de la Psicología del trabajo y los Recursos Humanos celebradas el 26 y 27 de noviembre del 2020 en Las Palmas de Gran Canaria, tanto en el Liderazgo como en Recursos Humanos, la Inteligencia emocional es la clave.

 

Publicado en et número 42 de la revista Dirigir Personas.

 

 

 

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