Entrevista a Frederic Bonne, Regional HR Business Partner de Asia-Pacífico en Omya
A raíz de una oportunidad de movilidad internacional en su empresa, Frederic Bonne aterrizó en Kuala Lumpur en 2014. Y lo hizo para quedarse una buena temporada. Antes, sin embargo, ya había vivido una experiencia profesional en Oriente Medio y el Magreb. En cualquier caso, marchar a Asia era, según él mismo reconoce, «el paso más natural a seguir». En Malasia, Bonne ha topado con un país emergente, dinámico, cambiante y marcado por su multiculturalidad.
Firma: Berta Seijo
Malasia es un país bastante represivo en cuanto a la libertad de expresión y otros derechos políticos y civiles de la ciudadanía. Pero, ¿cree que este intervencionismo también se hace patente en el ámbito empresarial?
Se trata de un mercado muy regulado y politizado pero con buenas oportunidades de negocio como plataforma de distribución hacia países del Sudeste Asiático. De hecho, muchas empresas multinacionales tienen su centro de operaciones para Asia-Pacífico en Malasia por razones de peso como los incentivos fiscales o la posición geográfica. Por otra parte, sin embargo, la burocracia, los aranceles a la importación y los largos procedimientos para obtener permisos de todo tipo no ayudan mucho en este sentido.
¿De qué manera han repercutido la crisis económica y las medidas para paliar el déficit fiscal en el sector manufacturero del país?
Yo no hablaría de crisis económica sino de una ralentización de la economía. La bajada de precios de las materias primas que exporta Malasia -básicamente petróleo y aceite de palma- y la incorporación (a principios de 2016) del IVA a los productos han impactado en la inflación y en el crecimiento económico del país. Eso sí, el turismo mantiene un buen nivel gracias a la devaluación del ringgit y en los destinos atractivos y consolidados que hay dentro del Sudeste Asiático. También es cierto que, en los últimos años, Malasia está intentando atraer empresas de mayor valor añadido.
En esta línea, recientemente el gobierno malasio ha anunciado que suspenderá la contratación de trabajadores extranjeros hasta nuevo aviso para evitar un exceso de forasteros en el mercado laboral y fomentar la contratación de jóvenes autóctonos. Como profesional de los RRHH, ¿qué opina sobre esta medida?
La limitación de trabajadores extranjeros está más relacionada con la mano de obra poco cualificada y el control de la inmigración ilegal para el sector primario, terciario y el de la construcción -generalmente, trabajadores procedentes de Bangladesh, de Nepal, de Indonesia , de Pakistán o de Filipinas-. Sinceramente, dudo que actualmente, con las oportunidades laborales que hay, los locales estén muy interesados en estos trabajos poco cualificados. Ahora, la situación en Malasia es similar a la de España a principios de los 2000.
En cuanto a los trabajadores cualificados, sí existe un freno a la contratación de forasteros en pro de los trabajadores locales. Venir a trabajar en Malasia recomendado por un tercero, pero sin una oferta de trabajo concreta es misión imposible. Ante un procedimiento de permiso de trabajo de un extranjero, la empresa siempre ha de justificar porque la ha contratado a él y no a un trabajador local. Ahora bien, la cosa cambia para un empresario que quiere abrir una compañía, y más aún si favorece la contratación local. Malasia es uno de los pocos países de la zona donde no se necesita un socio local para montar una empresa.
¿Qué cree que «asusta» más la mano de obra malasia: la llegada de trabajadores extranjeros o la progresiva robotización?
La verdad es que aún veo los profesionales cualificados poco asustados por estos temas, pues se trata de un mercado que ofrece muchas posibilidades. También hay una capa importante de la sociedad con formación y recursos más limitados que tiene que luchar para conseguir algo más que minijobs. Si eres local y quieres trabajar en Malasia es fácil encontrar trabajo. Otra cosa es progresar profesionalmente. Y, con una mano de obra barata, la robotización de las empresas industriales queda todavía lejos.
Entiendo que, como HR Business Partner, debe hacer frente a retos vinculados a la comunicación y la gestión de la diversidad. ¿Cómo es lidiar con el factor humano en Malasia, sobre todo en cuanto a estos dos aspectos?
La comunicación no es demasiado diferente a la nuestra … Al fin y al cabo todo se basa en la gestión de expectativas y resultados. Sin embargo, la diversidad cultural que existe en Malasia incorpora un punto de dificultad y de interés: se han de cuadrar los calendarios laborales teniendo en cuenta las tres culturas que hay en el país (la malaya, la china y la india ).
Por otra parte, en Malasia todo el mundo habla inglés -es la lengua vehicular entre las diferentes identidades culturales- y esto facilita la comunicación. Otra ventaja es que la fuerza de trabajo es básicamente Millennial: joven, más global, conectada y con las mismas necesidades que se podrían encontrar en Europa.
En relación con la gestión de los profesionales dentro de la empresa, tenemos que adaptarnos a un contexto dinámico y cambiante donde la comunicación interna en ambos sentidos sea una de las herramientas de retención más importantes.
¿Cómo son las jornadas laborales de los trabajadores malayos? Y ¿cuáles son los mejores incentivos o medidas para motivarlos?
Generalmente son jornadas laborales largas, que no quiere decir productivas. Muchas horas por semana con un promedio de 16 días de vacaciones anuales. En las políticas de retención debemos afinar la creatividad para diferenciarnos del resto, con programas que favorezcan el bienestar del trabajador como, por ejemplo, la introducción de un gimnasio, de terapias de acupuntura, de coberturas médicas para el empleado y su familia, etc. En la compañía donde trabajo, la formación continuada también es un incentivo muy apreciado.
Por último, en términos generales, ¿qué aspectos el impactaron más de la cultura empresarial malasia cuando llegó?
En las culturas emergentes podemos encontrar cosas buenas y malas pero, sinceramente, estoy bastante sorprendido de la iniciativa, la capacidad de esfuerzo y la mentalidad emprendedora de la sociedad malasia en general. Cuando explico el concepto de ni-ni (ni estudia ni trabaja) que hay en España, la gente me mira con cara de sorpresa. Esto no existe demasiado por aquí.
Publicado en el número 41 de la revista Aedipe Catalunya.











