Del teletrabajo al trabajo global

Del teletrabajo al trabajo global

 

John Maynard Keynes predijo que, para el año 2030, trabajaríamos 15 horas a la semana y que la sociedad, en los países desarrollados, viviría ocho veces mejor que en 1930. En cierto modo, el segundo vaticinio se ha cumplido, pero la semana laboral de 15 horas parece lejos de ser un objetivo alcanzable. Realmente falló el pronóstico del economista británico?

Firma: Ricard Faura i Homedes, tecnoantropólogo

 

Es evidente que estamos inmersos en la última de las revoluciones relacionadas con el trabajo. Cuando digo última no quiero decir que sea la última, sino que dentro de una serie histórica de cambios que han impactado en las maneras de organizar el trabajo, en estos momentos y de manera muy rápida, se está produciendo una nueva y profunda transformación. Algunos dirán que es una más y que, como siempre ha pasado, nos volveremos a situar en el punto de equilibrio donde el sistema proporcionará suficiente trabajo y riqueza para seguir contribuyendo al bienestar del mayor número de personas posible. Yo no lo creo. Pienso que estamos mucho más alineados con las predicciones que hizo Keynes hace casi 100 años, cuando pronosticó un cambio radical en el sistema de trabajo, provocado por el impacto del uso de la tecnología en las maneras de producir. Keynes no conoció el estallido de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), pero sí analizó históricamente los avances de la tecnología y la profundidad con que impactaban y revolucionaban los procesos productivos.

Una aproximación insuficiente

Las TIC han pasado de ser unos sustitutivos de otras herramientas a provocar una aceleración en los mismos procesos de producción, un cambio en los modos de trabajar, de producir, de comercializar y de relacionarnos entre productores y compradores. Esta transformación nunca había sido tan radical y compleja. Ahora bien, ¿dónde podemos situar en estos momentos fenómenos como el teletrabajo?

El teletrabajo tuvo mucho peso durante los primeros años de este siglo, al menos como propuesta de transformación en las formas de trabajar. En el año 2002, los agentes sociales firmaron el Acuerdo Marco Europeo de Teletrabajo con el objetivo de dar más seguridad a los teletrabajadores por cuenta ajena de la Unión Europea. Se quería disponer de un marco general a escala europea sobre las condiciones de trabajo de los llamados teletrabajadores, compaginando las necesidades de flexibilidad y seguridad de empresarios y empleados. Desde su elaboración, sin embargo, este texto no ha sido objeto de ninguna revisión ni adaptación a una realidad tan cambiado como la del trabajo.
 
15 años después, se ha avanzado muy poco en estos temas. Una de las tres iniciativas emblemáticas de Europa 2020 en el ámbito del empleo, los asuntos sociales y la inclusión es la Agenda de nuevas cualificaciones y trabajos: dar un nuevo impulso a las reformas del mercado laboral y ayudar a obtener la capacitación correcta para futuros trabajos, crear nuevos puestos de trabajo y revisar la normativa de trabajo de la Unión Europea. Se puede ver, pues, que la transformación del trabajo va más allá de las formas de trabajar. Estamos ante una transformación mucho más profunda que requiere cambios en los sistemas de formación, de cualificación y de la misma legislación. Estamos ante un cambio sistémico mucho más en la línea que apuntaba Keynes, que de una adaptación a los progresivos cambios históricos de las maneras de producir.

Una auténtica revolución

Cada vez es más difícil de imaginar el trabajo, en cualquiera de los ámbitos, sin la mediación de las TIC. Si nos centramos en el sector servicios, cada vez es más complicado de separar trabajadores de teletrabajadores; quien no sea competente para tele, difícilmente podrá trabajar. Podríamos decir que las dos principales competencias que deberá tener el trabajador deberán ser el dominio en el uso de las TIC y las capacidades vinculadas al aprendizaje a lo largo de la vida. Ambas son competencias que hace 15 años ya eran fundamentales para los teletrabajadores.

No estoy afirmando, pues, que el teletrabajo haya muerto, sino que ya no podemos separar el teletrabajo del trabajo. No es casualidad que, por primera vez, el último Foro de Davos, donde se plantean los futuros escenarios macroeconómicos a escala mundial, se centrara en la transformación del trabajo y las amenazas y oportunidades que surgen.

Estamos ante una verdadera revolución en cuanto a los planteamientos del presente y futuro del trabajo. Todo lo que no sea dar respuestas a los retos que nos plantea esta revolución, serán pérdidas de tiempo en unos momentos en que el tiempo es cada vez un bien más escaso.

Referencias:

Plan piloto de teletrabajo (2008-2010), Generalitat de Cataluña; Acuerdo Marco Europeo de Teletrabajo; Vivir y Trabajar en la sociedad de la información, Libro Verde de la Comisión Europea, y El futuro del empleo, MIT Technology Review.

 

Publicat al número 42 de la revista Aedipe Catalunya.

 

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