Coworking: fábricas de ideas y colaboración

Coworking: fábricas de ideas y colaboración

 

El avance de la tecnología, la entrada de las generaciones más jóvenes en el mercado laboral y la tendencia hacia una economía más colaborativa están provocando la transformación de los espacios de trabajo. Porque todo apunta a que, en un futuro no tan lejano, las oficinas tal y como las entendemos ahora dejarán de existir y darán paso a nuevos entornos diseñados para conseguir los objetivos estratégicos de la empresa, obtener el mayor rendimiento posible de los profesionales y mejorar su bienestar. Buen ejemplo de ello es el auge de los centros de coworking, como vemos a continuación.

Firma: Berta Seijo

 

El concepto de coworking se materializó en EE. UU. a finales de los años noventa: fue el término escogido para describir aquellos espacios comunes donde profesionales independientes de cualquier sector trabajaban uno al lado del otro. Poco tiempo más tarde, esta práctica llegó a Europa, concretamente a países como Alemania o Austria, hasta que en 2005 se abrió el primer espacio de coworking oficial en San Francisco.

Desde entonces, esta moda no ha parado de sumar adeptos y las grandes capitales mundiales ya cuentan con varios centros dedicados a fomentar la colaboración, el carácter abierto, los conocimientos compartidos, la innovación y la experiencia del usuario. En cualquier caso, la demanda de espacios de coworking también se ha visto favorecida estos últimos años por el auge de los sectores creativos y tecnológicos, así como por la naturaleza variable del trabajo.

Hoy en día el concepto va creciendo y el coworking ha dejado de considerarse una práctica adecuada únicamente para start-ups o profesionales autónomos. Según los últimos datos de la Global Working Capital Survey, se estima que 1,2 millones de personas en el mundo trabajaran en espacios de coworking a lo largo de este año. De hecho, cada vez más compañías de distintos tamaños y disciplinas están descubriendo todas sus ventajas. Por ejemplo, en Ámsterdam, organizaciones consolidadas como Philips o IBM ya utilizan espacios de coworking para fomentar la innovación junto a empresas emergentes.

Y en España, ¿qué?

El coworking llegó a España entre los años 2011 y 2013, y a día de hoy ya podemos hablar de un fenómeno que ha arraigado con fuerza sobre todo en Madrid y Barcelona. Según la Encuesta sobre el Estado de Coworking en España 2015, ambas capitales aglutinan el 55% de los espacios de coworking del país. El estudio también resume las características generales de estos locales (negocios privados y organizados como espacios abiertos que tienen alrededor de 230 m2 y que en su mayor parte ofrecen puestos fijos) y el perfil del coworker medio (autónomos o freelancers de unos 40 años que previamente desarrollaban sus tareas profesionales en casa).

Más que un espacio compartido

No se trata de alquilar un escritorio y una silla. Tampoco de compartir la máquina de café. O de charlar esporádicamente sobre asuntos banales con el compañero de al lado. El coworking va más allá y consiste en crear comunidades sanas, entornos que motiven a las personas a impulsar sus proyectos y a trabajar en equipo. Son espacios que estimulan la creatividad y la innovación, que facilitan el intercambio de conocimientos, la oportunidad de hacer networking. En definitiva, la idea es que los trabajadores puedan disfrutar de un ambiente totalmente diferente de lo habitual, de un entorno inspirador en el que se sientan cómodos. Y todo apunta a que el objetivo se está consiguiendo: si volvemos a la Encuesta sobre el Estado de Coworking en España 2015, en su mayoría, los profesionales que eligen trabajar en un espacio de coworking lo hacen (aparte de por motivos más bien logísticos) porque es un ambiente de trabajo idóneo que facilita la interacción con otros miembros, el trabajo en grupo, las oportunidades de negocio y la pertenencia a una comunidad.

Aunque no todo son ventajas…

Llegados a este punto, también debemos poner sobre la mesa tres tipos de riesgos que puede comportar para un profesional u organización el coworking. En primer lugar, para las empresas que procesan un gran volumen de datos confidenciales, compartir espacio con organizaciones externas o relajar las normas de uso de los dispositivos personales puede frenarlas a adoptar esta nueva forma de trabajar porque temen la pérdida de propiedad intelectual, de ideas o de otro tipo de información.

En segundo lugar, cuando algunas organizaciones introducen el coworking de manera selectiva (para determinadas personas, grupos o departamentos) se puede generar división, resentimiento o hasta un choque cultural entre los miembros de la misma plantilla.

Por último, si las empresas no son claras acerca de sus objetivos e imponen el coworking desde arriba y sin la debida consideración de la experiencia del usuario o del empleado, probablemente no conseguirán los beneficios perseguidos.

Plan de acción para introducir el coworking

Ahora que cada vez más empresas están tratando de incorporar el coworking a su estrategia inmobiliaria, existen cuatro pasos básicos a tener en cuenta antes de proceder a la acción:

1. Conocer los objetivos:
Un buen conocimiento de los objetivos ayudará a guiar a la empresa hacia la mejor solución de coworking. Qué finalidad perseguimos: ¿fomentar la innovación?, ¿introducir un cambio cultural? o ¿atraer el talento?

2. Definir las limitaciones:
Las empresas deben sopesar las soluciones de coworking en función de sus recursos, su nivel de inversión y sus limitaciones de tiempo. Algunos modelos de coworking son más rápidos y fáciles de implantar que otros; pueden introducirse a modo de ensayo y tienen un menor coste asociado.

3. Mitigar los riesgos:
Es aconsejable determinar el grado de exposición a los posibles riesgos que resultaría aceptable para la organización y elegir un modelo de coworking que permita minimizar el riesgo con arreglo a los umbrales identificados.

4. Probar el modelo:
El coworking debe introducirse gradualmente, pasando de un modelo con la mínima complejidad operativa a un entorno más complejo con la intervención de un grupo de participantes más amplio. De este modo el impacto cultural será relativamente bajo.

Fuente: La nueva era del coworking. Jones Lang LaSalle IP, Inc., 2016.

 

Publicado en el número 42 de la revista Aedipe Catalunya.

 

 

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