Caminando hacia la igualdad: cómo convertir un círculo vicioso en un círculo virtuoso

Caminando hacia la igualdad: cómo convertir un círculo vicioso en un círculo virtuoso

 

Cada día nos preguntamos por qué problemática empezar: el techo de cristal, la escasa presencia de mujeres en los consejos de administración, la violencia de género, la brecha salarial, el reparto desequilibrado de las tareas del hogar, la cantidad de talento perdido de tantas mujeres que renuncian a su carrera profesional, etc. Ahora bien, ¿cuál es el camino que nos ayudará a lograr la igualdad? ¿Qué instituciones deben actuar? Y, sobre todo, qué podemos hacer nosotros, las empresarias?

 

Joana Amat
Presidenta de FIDEM (Fundació Internacional de la Dona Emprenedora)

 

Fidem, nuestra fundación, hace años que trabaja para lograr la igualdad y la visibilidad de las mujeres. Lo hacemos, por ejemplo, ayudando a las jóvenes emprendedoras, apostando para que las profesionales más grandes tengan una segunda oportunidad, probando nuevos sistemas de flexibilidad laboral, o detectando e impulsando la erradicación de la violencia de género en las empresas. Luchamos por estas y por muchas otras cosas pero, aún así, tenemos la sensación de que no llegamos.

Un cambio cultural necesario

Tiempo atrás iniciamos un proyecto absolutamente centrado en modificar las leyes que sobreprotegen las mujeres, ya que son medidas que se nos han vuelto en contra y que disminuyen nuestras oportunidades a la hora de acceder al mercado de trabajo. Me refiero a la ampliación del permiso de reducción de jornada por cuidado de menores de 12 años. Y es que, debido al vínculo entre la reducción de jornada y el blindaje laboral, la mujer pierde toda ocasión de sacar adelante su carrera profesional y se convierte, como consecuencia, la pobre del futuro por falta de cotización.

Este proyecto -pensado para llegar al Congreso y que (por razones obvias) está parado desde hace tiempo- nos sirvió para reflexionar sobre cómo motivar y provocar cambios culturales; nos ayudó a llegar a la conclusión de que teníamos que focalizar directamente nuestros esfuerzos en la Responsabilidad Social.

Entendemos que la familia es un proyecto común que debe estar protegido, impulsado y valorado por todos los actores sociales. Estos, en su conjunto, deben hacer lo posible compartir y disfrutar del cuidado de los hijos, y que todos puedan ejercer de padre o madre sin tener que abandonar su carrera profesional.

Si concretamos, los empresarios juegan un rol importante en este cambio cultural, ya que pueden frenar o, contrariamente, inducir sus trabajadores hombres y mujeres a asumir de pleno derecho la paternidad y a luchar para mejorar en tiempo y prestaciones. l lo mismo ocurre en el caso de grandes influenciadores como el personal docente o sanitario; todos ellos deben movilizarse para conseguir que sea posible hacer compatible la vida laboral con la familiar.

El gran efecto dominó

Si conseguimos elaborar un modelo mucho más avanzado de corresponsabilidad social y, por lo tanto, llegamos a poner las bases para la igualdad real, de facto se irán resolviendo una a una el resto de disfunciones que genera la desigualdad.

En primer lugar, comenzaríamos por la brecha salarial, que no deja de ser un peaje oculto pero real que pagamos las mujeres por el hecho de poder ser madres, como si la maternidad no fuera un gran bien social. Sólo cuando hombres y mujeres compartan los beneficios y las cargas resultantes de la maternidad, se eliminará la brecha salarial, pues las oportunidades laborales también habrán igualado.

Además, en esta línea, si la mujer no tiene ninguna necesidad de abandonar su vida laboral para que su función en el hogar está debidamente compartida, se convertirá en una persona económicamente independiente. Y ese es el primer paso para poder resistir y sobrevivir en casos de violencia de género.

Por otra parte, si ser madre ya no supone tener que abandonar una carrera profesional, la masa crítica de mujeres que conseguirán cargos de más responsabilidad irá creciendo y se iniciará el camino hacia la igualdad en los consejo de administración. Un movimiento clave para romper el techo de cristal. Una vez establecidas estas bases, la sociedad estará lista para recuperar todo el conocimiento perdido hasta ahora, porque, desgraciadamente, hoy en día aunque salgan muchas mujeres altamente cualificadas de las universidades, en un gran número de casos o acaban ocupando puestos de trabajo que aportan poco valor o deciden poner fin a su vida laboral por motivos personales.

Aprender y adaptar nuevas fórmulas

En definitiva, tenemos que generar este cambio de paradigma y pasar del círculo vicioso al círculo virtuoso. Porque sólo podremos alcanzar nuestro objetivo si creamos modelos culturales nuevos, adaptando soluciones que ya han funcionado en otros países a la idiosincrasia y economía de nuestro, y apostando siempre que haga falta para fórmulas transitorias, sobre todo en materia de prestaciones.

 

Publicado en el número 43 de la revista Aedipe Catalunya.

 

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