Bienestar emocional de nuestros empleados en los modelos hibridos
Hace casi dos años que comenzó la pandemia de COVID-19. Fue un auténtico tsunami, y acarreó cambios profundos en muchos ámbitos de la sociedad. Sin embargo, si por algo se caracteriza el ser humano, es por su capacidad de adaptación. Es esa característica tan humana la que ha hecho que seamos el ser vivo predominante en el planeta.
Como en toda crisis “hacemos de la necesidad una virtud”. Nos adaptamos inmediatamente. Avances que de otra manera hubiesen tardado años en consolidarse se han desarrollado en pocos meses.
En el mundo laboral, la crisis sanitaria provocada por la pandemia obligó a millones de personas de todo el mundo a trabajar desde casa y creó una nueva normalidad que ha perturbado permanentemente el mundo del trabajo.
Muchos empleados han disfrutado de las ventajas de trabajar a distancia, como por ejemplo reducir el tiempo invertido en los desplazamientos. Sin embargo, los trabajadores han experimentado inconvenientes como las distracciones en casa, la falta de tiempo cara a cara con los compañeros, la disminución del equilibrio entre la vida laboral y personal y la tendencia a trabajar más horas. A medida que avanza la vacunación, y vislumbramos la luz al final del túnel, las empresas se preparan para la vuelta de los empleados a la oficina.
Sin embargo, muchas han optado por una medida intermedia; la implantación de un modelo híbrido, que permite al empleado trabajar desde diferentes espacios. Ahora sabemos que cuando los empleados tienen la flexibilidad que desean, las empresas aprovechan la mayor productividad, participación y lealtad de los mismos. El deseo de los trabajadores de tener mayor control, flexibilidad y libertad a la hora de decidir dónde y cuándo trabajar, es la esencia del modelo híbrido.
Este modelo de trabajo híbrido es un tipo de ambiente laboral que combina lo mejor de los dos mundos (el trabajo en remoto y en la oficina). Independientemente del método de organización, el objetivo de un espacio de trabajo híbrido es equilibrar las necesidades individuales de cada trabajador con su capacidad de colaborar y ser productivo en un espacio de trabajo compartido. La COVID19 lo que ha hecho es acentuar una tendencia que ya estaba muy presente incluso antes de la pandemia.
Los empleados valoraban cada vez más la flexibilidad en el espacio de trabajo. Tener la libertad de escoger dónde y cómo trabajar es más importante que el salario para una abrumadora mayoría de los millennials. Esto es un reflejo de una actitud cambiante respecto de nuestra opinión sobre el trabajo y del lugar donde se realiza. Esta tendencia se acentúa cuando preguntamos a los trabajadores más jóvenes. Es en esta franja de edad en la que el salario emocional cobra una mayor relevancia.
El salario emocional son todas aquellas retribuciones no económicas que el trabajador puede obtener de la empresa y cuyo objetivo es incentivar de forma positiva la imagen que tiene sobre su ambiente laboral e incrementar su productividad, así como satisfacer las necesidades personales, familiares o profesionales que manifiesta, mejorando su calidad de vida y fomentando un buen clima organizacional
El salario emocional es un factor fundamental en la retención del talento y ha tomado aún mayor importancia en la situación actual de pandemia, en la que aspectos como la salud tanto de la persona, como de la familia, ha pasado al primer puesto en el orden de prioridades de las personas.
Cada vez más, las personas eligen una empresa para trabajar por factores que van mucho más allá del tema puro salarial. Aspectos como la flexibilidad horaria, el teletrabajo, las medidas de conciliación de la vida personal y profesional, la formación, las posibilidades de desarrollo profesional, el participar en la toma de decisiones importantes de las empresas, así como la contratación de una adecuada póliza de salud y de vida para los empleados, han pasado a ser aspectos clave en la retención y en la productividad.
Esto último está muy relacionado con la concienciación general de la sociedad, influida por la situación actual de pandemia, de la necesidad de contar con un complemento a la sanidad pública, instrumentalizado mediante la contratación de una póliza privada de salud, así como de una póliza de seguro de vida.
Para la población activa, los factores emocionales que condicionan el trabajo son cada vez más decisivos, especialmente en tiempos de pandemia, donde la sensación de «vivir para trabajar» resulta predominante.
El bienestar emocional y el cuidado de la salud física y emocional se erigen como valores fundamentales en las distintas generaciones, como se desprende el III Estudio de Salud y Estilo de vida de AEGON. En definitiva, la sociedad ha cambiado y el mundo del trabajo no lo ha hecho menos. Además, no hay marcha atrás, estos cambios han venido para quedarse y las empresas deberán de adoptar medidas de adaptación a esta nueva realidad y el modelo híbrido de trabajo es una de las mejores acciones en este sentido.
Publicado en el número 45 de la revista Dirigir Personas.














